Con cada nuevo álbum, el gurú del psych-pop británico, Paul Roland, madura como compositor y narrador. Su último proyecto, «Brighton Rock», es una adaptación de la novela de Graham Greene de 1938, que narra la historia de un joven delincuente y su trágica relación con una ingenua joven en los callejones de un otrora elegante balneario británico.
Roland siempre ha sido experto en evocar lugares y épocas históricas concretas, así como en crear personajes complejos, pero en «Brighton Rock» difumina la frontera entre letrista y autor al dar vida a los desafortunados amantes de Greene y sus cómplices: Pinkie, el joven delincuente psicópata, y Rose, la ingenua camarera a la que obliga a seducir para asegurar su silencio.
Kolly Kibber, el antiguo socio criminal al que Pinkie asesina, e Ida, la mujer mayor que decide llevar al asesino ante la justicia mientras salva a Rose de su violento amante.
Las letras son cultas, pero la música evoca a The Who y The Small Faces con riffs enérgicos y descarados al estilo de los años 60 («A Face In The Crowd», «Hello Fred, the Thin Youth Said», «Little Scarface») que contrastan con tiernos e íntimos interludios acústicos («Rose», «An Afternoon In The Country», «She’d Wished For A Church Wedding») y temas inquietantes («Phony Alibi», «Ouija Board», «I Won’t Swing For No Dirty Sneak», «Got Me A Job To Do»).